Morir antes de morir es un ejercicio para ejercer mejor nuestro liderazgo consciente y reflexionar sobre nuestra fragilidad como seres humanos finitos y que en algún momento inevitable dejaremos de vivir o partiremos de este mundo. Cada quien ha visto partir hacia la eternidad a un ser querido (sea familiar o amigo) quizás antes de lo previsto o anticipado. Cada persona que deja esta vida puede también dejarnos una enseñanza. La pregunta fundamental del ejercicio es: ¿Qué enseñanza o legado queremos dejar personalmente cada uno de nosotros antes morir? ¿A qué es necesario morir hoy para vivir mejor cada día sabiendo que los días transcurren en forma acelerada y que a veces no nos alcanza el tiempo para hacer cosas trascendentes y solo logramos realizar las superficiales?
Perder la vida repentinamente puede ocurrirnos a nosotros también porque no controlamos el cuándo, el cómo y el dónde se dará esta situación. En esencia, morir antes de morir no significa otra cosa que cuestionarnos tres cosas fundamentales: a) aquello que debemos continuar haciendo más y mejor; b) aquello que debemos dejar de hacer porque es inútil o ya no nos da valor agregado y nos genera desgaste; y c) aquello que deberíamos empezar a hacer y que hasta ahora está en “bucket list” que casi siempre queda postergado indefinidamente. Siendo conscientes de la posibilidad de morir antes de lo previsto, el propósito del ejercicio es no perder de vista las prioridades y algunos asuntos que nos permitan lograr la paz mental y espiritual y así disfrutar mejor de nuestra vida presente.
El ejercicio incluye tres posibles escenarios en los que posiblemente ocurra esta situación inevitable. Cada uno de ellos requiere que respondamos una serie de preguntas sobre qué hacer ante esa situación para identificar acciones claves e impostergables.
En el primer escenario, afrontamos una situación inesperada en la que por un accidente o condición física nos vemos ante un dolor insoportable debemos ir de emergencia a un hospital o una clínica. Luego de varias horas que nos parecen eternas, el diagnóstico es fatídico; nos dicen que nos quedan escasos tres días de vida. No hay mucho por hacer excepto la administración de algunas drogas para mitigar el dolor. Nuestros órganos vitales (v. gr. páncreas, hígado, pulmones o corazón) están empezando a fallar sin mucho remedio. Si queremos podemos visualizar alguna condición específica pero en definitiva el ejercicio consiste en vernos ante la posibilidad de morir en las próximas 72 horas. La idea no es dudar o cuestionar el diagnóstico y tener la esperanza de vivir más sino estar convencidos de que tenemos pocos días de vida para responder a las siguientes preguntas enfocadas más en el futuro que en cuestionar el pasado:
¿Estamos listos o preparados para afrontar ese momento? ¿Qué hacemos ante el hecho incuestionable de tener pocos días de vida? ¿Qué se nos viene a la cabeza en ese momento? ¿Qué tipo de pensamientos y sentimientos tenemos ante esta situación? ¿Qué nos queda por hacer para intentar morir en paz? ¿Qué dejamos inconcluso? ¿De quienes nos despedimos y qué les decimos? ¿Qué miedos fueron los que no logramos superar en la vida para cumplir algunos sueños no realizados?
El sacerdote Ángel Espinosa de los Monteros nos presenta una cuatro certezas o verdades sobre la muerte que debemos tomar en cuenta: a) todos vamos a morir algún día; b) nunca habremos vivido lo suficiente bien como para resistirnos ante lo inevitable, hubiésemos querido vivir más; c) esta vida es única e irrepetible y por eso no debemos desperdiciar las oportunidades y d) no vamos a llevarnos nada material de este mundo. Tomando en cuenta estas verdades podemos hacer una revisión más profunda de nuestra existencia.
En el segundo escenario, visualizamos un cambio de circunstancias respecto al primer escenario. Han pasado 6 de las 36 horas y en ese tiempo se logra detectar un medicamento efectivo que nos permitirá alargar el tiempo de nuestra vida por al menos 180 días. Es un medicamento experimental y puede tener sus efectos secundarios pero nos brinda la oportunidad de estar vivos casi en el pleno uso de nuestras facultades mentales y físicas. Ahora tienes 6 meses para tomar algunas acciones urgentes tanto en el ámbito de lo material, lo afectivo y lo espiritual. Ya no sentimos esa presión de la agonía inmediata y podemos reflexionar con algo más de calma sobre los asuntos vitales y trascendentales para responder a las siguientes preguntas:
¿Qué tipo de pensamientos y sentimientos tenemos ante esta oportunidad de extender la vida por algunos meses? ¿Cómo hace ésto algo la diferencia, asumiendo que tenemos varias cosas pendientes en distintos dominios de tu vida (familiar, profesional, personal, social, etcétera)? ¿Qué logramos hacer en este tiempo para morir en paz (o sea con la oportunidad de dejar menos cosas inconclusas? ¿De quienes más además de los familiares inmediatos lograríamos conversar y despedirnos y hacer otros encargos de rigor? ¿Qué otras cosas alcanzamos a realizar comparado con el primer escenario que son más valiosas? Podemos anotar y responder a otras interrogantes y preguntas que nos hemos planteado, siempre asumiendo que no hay posibilidad de cuestionar el escenario.



