Y hasta que no hayas experimentado esto, morir y así crecer, solo serás un atribulado huésped en la oscura tierra (J. W. von Goethe)
La vida es un don y regalo de Dios. Y la vida encierra también un misterio porque desconocemos cuánto tiempo viviremos. No sabemos cómo, cuándo y dónde nos tocará morir. Las muertes repentinas y en especial las muertes de personas jóvenes nos dejan a veces sorprendidos o confundidos porque erróneamente creemos que todos deberíamos alcanzar la etapa senectud. O en cualquier caso, deseamos que todas las personas puedan gozar de una vida que supere las siete décadas. Sabemos que la muerte es inevitable, pero casi siempre huimos a la idea de pensar o conversar sobre el momento cuando nos tocará dejar esta vida.
El distinguido coach Fred Kofman tiene un taller para ayudar a líderes y ejecutivos a repensar en su trascendencia. En su libro «La Revolución del Sentido: El Poder del Liderazgo Trascendente», Kofman nos invita a pensar en nuestro legado como líderes para tener una vida con mayor sentido. «Somos capaces de trascender el problema de nuestra mortalidad física a través de pequeños y grandes actos de heroísmo… Cualquier cosa que hagamos que implique a la comunidad, es una pequeña toma de contacto con un «proyecto de inmortalidad», es decir, un sistema de creencias que permite que nuestra naturaleza simbólica trascienda la realidad física», afirma Kofman. En «Morir antes de morir» -así se llama el capítulo 12 de su libro- el autor propone enfrentar fríamente nuestra propia mortalidad, integrando esta conciencia en nuestro liderazgo.
El gran predicador P. Juan Jaime Escobar suele decir que la tierra no es la nuestra y que estamos donde nos toca para aprender a servir y amar. Se trata de aprender a entregarnos para luego recibir de Dios la verdadera vida en la que lograremos la plenitud. Pero hasta que llegue ese momento, cada uno de nosotros tiene un gran desafío: dejar una huella honda y profunda en el corazón y la vida de aquellos que Dios nos entregó para su cuidado. No se trata de comprometernos solamente con nuestra familia inmediata o extendida, sino también con cada una de las personas con las que trabajamos, colaboramos e interactuamos a lo largo de distintos momentos de nuestra vida.
En sus investigaciones, el profesor de la Escuela de Wharton (Universidad de Pensilvania) Adam Grant descubrió que las personas piensan en la muerte con mayor serenidad cuando sienten que sus trabajos han sido significativos. En ese sentido, la idea es que los líderes puedan ofrecer a sus colaboradores un proyecto de inmortalidad. Por eso, en sus talleres, Kofman invita a los líderes a visualizar distintos escenarios de muerte para ayudarlos a cuestionar aquello que les resta por hacer para inmortalizar su liderazgo.
Si en nuestra condición de líderes estamos de acuerdo con estas ideas, podríamos atrevernos a responder en forma personal una o varias de las siguientes interrogantes:
¿En el mundo empresarial, cuáles son las cosas más importantes que debo realizar en los siguientes años para conectar mejor con mi rol de líder, mi esencia y razón de existir?
¿Qué debe morir en mí para hacer vivir en mi empresa un legado significativo?
¿Qué vivencias debo experimentar para conectarme con lo trascendente en mi empresa?
¿Qué me falta por realizar y dar a los demás antes de partir de esta vida?
¿En el dominio profesional, con quienes estoy en deuda y a quienes les debo pedir perdón o perdonar para honrar adecuadamente a Dios?
¿Qué es lo que siempre he querido hacer por motivos espirituales pero aún no lo he empezado que podrían hacer la diferencia en mi empresa y la vida de mis colegas y colaboradores?
¿Cuál es aquella meta y sueño vinculado a mi propósito de vida o ideal personal que aún no he cumplido o realizado junto con mis colegas y colaboradores?
¿Qué quiero ver consolidado en mi vida profesional antes de jubilarme que tenga un impacto multiplicador en favor de muchas personas?
¿Qué acciones críticas o esenciales debo encarar entre hoy y el día de mi partida para haber cumplido fielmente a mi razón ser trascendente en mi capacidad como líder?
¿Qué me gustaría lograr o conquistar junto con otras personas en otras instancias profesionales?
En definitiva ¿qué me falta hacer para llevar una vida con el mayor propósito que lleve a inspirar un proyecto inmortal junto con mis colaboradores?



